- ¿Por qué me hace esto?-se lamentaba ella.
- Es tan solo un ignorante-añadió él.
- No, no lo es...
- ¿Por qué lo defiendes?-decía, mientras la observaba-. No se lo merece.
- ¿Qué es lo que no merece?-preguntó, con la cara enrojecida.
- Nada. Ni que lo defiendas, ni que llores por él...
- No estoy llorando-se excusó.
- Tal vez tú no llores, por que tu corazón es fuerte, pero sé que tu alma está rota y rogando ser cuidada…
- ¿Y tú quién eres para decir eso de mí?
- Soy tu ángel de la guarda-aclaró él, con su melodiosa voz.
- Pues puedes irte por el mismo camino por donde viniste, yo no creo en Dios-dijo ella, muy apenada.
- No estoy hablando de Dios. Estoy hablando de un poder más fuerte. El poder del amor. Así que dime, pequeña niña, el por un chico por quién alma llora, ¿verdad?-el ángel se acercó a ella, y se sentó en aquella suave nube de algodón.
- No es solo un chico… Es él-pronunció.
- Óyeme, ahora que puedes: Tu corazón ya tendrá tiempo de amar, pero ahora no es el caso. Vive, ríe, disfruta del momento, y si algún día tienes que llorar, que sea de una alegría, y no de una pena, que sea de un amor, y no de un desamor.
Ella le miró. Ahora se sentía más niña que nunca. Al fin elevó sus alas y echó a volar. Se dirigió hacia su casa, en particular, a su confortable cama que la esperaba.
Al día siguiente despertó, y recordó al ángel que, en un segundo, se convirtió como en un padre para ella. Rozó sus mejillas con las yemas de sus dedos y lo comprobó: no estaba húmeda, no había llorado. “Solo voy a disfrutar, y sé que lo voy a olvidar” pensó, dibujando una sonrisa en su cara. “Ahora me toca a mi vivir feliz”.
“Nadie merece tus lágrimas, y quién las merezca no te hará llorar”
Gabriel García Marquez
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