Allí te vi, desconsolado, con tus preciosos ojos húmedos, mojados.
Me acerqué, a pesar de todo, de tus rechazos.
Una chica te consolaba, al llegar yo, vi que se marchaba.
Te acercaste, sin mediar palabra, me besaste, me quedé helada.
Tus besos sabían a miel, no quería que se acabaran, pero me dolía el corazón, sabía que para ti eran un consuelo.
Al principio me negué, no quería ejercer de pañuelo, pero tu sonrisa me enredó entre tus brazos, todo fue muy lento.
No sabía lo que sentía, te quería y lo demás…, qué importaba.
Luego te marchaste, dejándome desconsolada, intentando susurrarte un dulce “Te quiero”, pero sin apenas decir nada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario