Cuando entré por esa puerta, te dirigiste hacia mí, todo pasó tan rápido, todo me hizo tan feliz.
Te acercaste, poco a poco, como una tonta te seguí, nos encontramos frente a frente, perfil contra perfil.
Tus ojos me observaron, con esa mirada de deseo, tuve miedo (sí, tuve miedo), rápidamente me alejé.
Te enfadaste, te marchaste, lamentándome me dejaste, por no haber tenido valor, para obedecer a mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario